Caricaturas de Cuba colonial: un caprichoso recorrido entre pasado y presente, de la mano de Víctor Patricio Landaluce

El señor de la siguiente imagen, exaltado y con la mano en el pecho, parece hallarse en medio de un apasionado discurso, mareando al auditorio con mil divagaciones. Tras indagar un poco más, descubrimos que el personaje estaba decidido a impulsar la revolución en Cuba. Para ello, iba a conducir hacia las costas de la Isla una embarcación con hombres, armas y municiones. Debo aclarar que no se trataba del yate Granma, sino del vapor Pionner, el cual debía zarpar a mediados de 1872, pero fue retenido e incautado por las autoridades norteamericanas.

Caricatura de hombre con la mano en el pecho, con gorra y sin pantalones

El nombre del almirante era José Augusto Chauveaux y pertenecía a la Junta Cubana en Nueva York, donde se relacionaba con Francisco Vicente Aguilera, Ramón Céspedes, Emilia Casanova y otras figuras independentistas. El movimiento insurreccional contra el gobierno español también recibía allí el nombre de “revolución”, en virtud de las transformaciones políticas que promovía. Por entonces, en plena guerra, fracasaron varias expediciones en apoyo de los mambises, como la del Perrit, el Galvanic o el vapor Virginius. Esto era motivo de burla en los periódicos satíricos de la época, sobre todo la captura del Virginius, efectuada por el buque español Tornado:

Caricatura del barco Tornado, el humo expulsa a varios insurrectos que caen sobre la playa.

Hay que decir que en Cuba tenemos muy mala suerte con las expediciones: las que hubieran sido provechosas para el país, casi nunca han podido llegar a buen puerto, valga la redundancia.

La anterior caricatura fue publicada en el periódico Juan Palomo, pero también tenían el mismo perfil Don Junípero y El Moro Muza, siendo el dibujante principal Víctor Patricio Landaluce. Muchas de las páginas de estos medios estaban dedicadas a denigrar a figuras y circunstancias de la insurrección cubana, a veces con innegable vis cómica. Casi siempre se trata de personalidades reconocibles por sus rasgos o que son nombradas explícitamente, entre ellas el propio Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la República en Armas. Sin embargo, otras resultan enigmáticas, como esta que figura a toda plana:

Hombre con la lengua afuera, bandera que dice "Viva yo" y otros atributos (caricatura)

Puede leerse a pie de página que se trata de “un presidente futuro de la república cubana”. Es decir, descartamos a Céspedes, porque se refiere al futuro visto desde esa época, además de que la figura no se da ni un aire. El sujeto en cuestión ya se está comiendo el presupuesto y tiene el patriotismo bien guardado en la barriga. Habla y habla, pero al final sólo vela por sus propios intereses. Me parece que Landaluce tenía también sus dotes de profeta y que nos dibujó muy bien el siglo XXI.

Otra imagen curiosa es la que presento a continuación. El caricaturista se burla anunciando que estos serían los sellos emitidos por la República de Cuba en Armas. Los de la parte superior están relacionados con la guerra y la propaganda política contra los insurrectos. Pero los tres de abajo, el Ministerio de Estado, el de Hacienda y el de Gobernación, más o menos se corresponden en sus funciones con el Consejo de Estado, el Ministerio de Finanzas y Precios y el del Interior, respectivamente. ¿Sería Landaluce realmente un visionario? 

Sellos burlescos de la Republica de Cuba en Armas, según los españoles.

Vicisitudes cotidianas: del dinero a la basura

Y seguimos con nuestro peculiar recorrido por el siglo XIX. Tras el estallido de la Guerra de 1868, para financiar las operaciones del ejército colonial, el Banco Español de la Habana emitió billetes sin respaldo real en oro. Estos se convirtieron en una suerte de segunda moneda, no muy diferente de algún contemporáneo nuestro como el CUC o el MLC. El papel moneda se fue depreciando respecto al oro español, o lo que es lo mismo, este último no hacía más que subir y subir, sin que le diera vértigo mirar hacia abajo:

Telescopio con que mirar la altura del oro (caricatura)
El oro personificado en dos figuras de acróbatas, saltando de un valor a otro.

Sin embargo, en 1869 se podía ir al banco y cambiar diariamente al menos diez pesos en billetes por la misma cantidad en oro. En 2026, usted vaya al banco si quiere, con mucha suerte estará abierto, pero para cambiar dinero por el de verdad ya tendrían que alinearse los astros. En aquella época, además, con los billetes era factible pagar los víveres en cualquier establecimiento, como el Mercado de Cristina o el construido por Miguel de Tacón. Ah sí…, porque Miguel se ocupó en sus tiempos (1834—1838) de construir un mercado para la alimentación del pueblo.

Es verdad que el hombre fue un genuino exponente de las facultades omnímodas de los capitanes generales y que tomó decisiones arbitrarias, como expulsar a José Antonio Saco de la Isla. Sin embargo, se enfrascó en mejorar las condiciones de vida en las cárceles y hospitales, así como la seguridad pública y la higiene. Él mismo cuenta que, antes de su llegada, “las plazas de mercado eran un hacinamiento de escombros y de basura; las calles un depósito de inmundicia”. Varios testimonios corroboran todo lo que hizo este Miguel por el orden y la limpieza de la ciudad, mucho más que ciertos tiranos que llegaron después…

Me refiero a la década de 1880, en la que se descuidó bastante la recogida de basura. Al menos en La Habana, la gente la sacaba de las casas en barriles y cajas que colocaba en las aceras, como Dios le daba a entender. A veces se iba acumulando por varios días, porque los encargados no hacían su trabajo, o bien el Ayuntamiento demoraba el pago del servicio. Se generaba así un ambiente desagradable, con malos olores y problemas sanitarios:

Barriles y cajas repletas de basura
Barriles y cajas repletas de basura, insectos y personas cubriéndose la nariz-

La basura amontonada en las estrechas aceras hacia más difícil la vida del caminante, ya de por sí en peligro cada vez que recorría la vía pública. Las calles no estaban bien empedradas y además solían llenarse de lodo, por un sistema de alcantarillado ineficiente. Los cocheros o carretoneros no ayudaban mucho, pues algunos conducían peor que Faetón. De ahí que los accidentes fueran muy frecuentes y que cada cual anduviera por su cuenta y riesgo:

Muestra del irregular empedrado de las calles
Personas en acto de caer y un coche volcado, por el mal empedrado de las calles.

Eso sí, parece que cuando venía un diplomático extranjero, no existía la costumbre de limpiar sólo las calles por donde iba a pasar, lo que le permitía conocer verdaderamente el país. Al menos, así ocurrió con el enviado chino Chen Lanbin (también llamado Chen Lan Pin), quien visitó la Isla en 1874. Quería informarse de las condiciones en que vivían y trabajaban sus compatriotas, pésimas por cierto. Cinco años después, se estableció el primer consulado chino en La Habana.

Diplomático chino contemplando la ineficiente recogida de basura en La Habana.
Diplomático chino contemplando el desorden del transporte en La Habana.

La Habana: agua, luces, modas…

La vida cotidiana en la capital invita a un recorrido más extenso, aun a riesgo de caer en alguno de los sempiternos baches. Por cierto, ya veremos que, como en los tiempos actuales, era más seguro hacer ese recorrido de día que de noche. En la siguiente imagen casi queda demostrado que Landaluce viajó al futuro y conoció La Habana del 500 aniversario. En realidad, es una crítica al derroche económico en la construcción del Canal de Vento, que sería parte del acueducto proyectado por Francisco de Albear:

Hombre sobre tortuga, grifo abierto y dinero derrochándose, en referencia al Canal de Vento.

Y eso que era un acueducto lo que se estaba construyendo, y no un hotel de varios pisos, para contemplar desde sus ventanales una ciudad en ruinas. Uy perdón… me salí del tono del relato. Es que a veces se extraña a los despóticos capitanes generales o a los crueles dictadores que al menos hacían obras públicas.

En cuanto al agua, había recurrentes quejas respecto a su mala calidad, sobre todo la que provenía de la Zanja Real. Su origen estaba en la parte más turbia del río Almendares y el líquido corría al descubierto, sobre zonas agrícolas y terrenos insalubres. El acueducto de Fernando VII, concluido en 1835, abastecía en mejores condiciones a una parte de la ciudad, pero el problema aún no se había solucionado:

Vaso con agua contaminada con organismos vivos, representación satírica.

Y qué decir de la iluminación de las calles y espacios públicos. Desde mediados de la década de 1840 se había implantado el sistema del alumbrado de gas, elemento que circulaba a través de una red de tuberías subterráneas. Los faroleros se encargaban de apagar y encender las lámparas a las horas convenidas. Sin embargo, en ocasiones el servicio se vio limitado por falta de presupuesto, con lo cual la oscuridad fue propicia a robos, asaltos y otros delitos. Lo que no sé si en esa época era mejor pedir auxilio o gritar “¡Viva Cuba Libre!” para convocar a los representantes de la ley y el orden.

Cuadro de color negro, como muestra del alumbrado de gas de La Habana.
Hombres asaltando a un transeúnte, aprovechando la oscuridad

Ya que hablábamos del alumbrado, creemos que algunas modas de entonces habrán sido peligrosas para las lámparas de gas. No en vano se ha difundido mucho una copla que dice:

 Un día de paseo una señora, rompió con su sombrero una farola.

En este caso, con el peinado que llevaba la señora, no hacía falta ni sombrero para provocar un incidente de ese tipo:

Mujer y hombre a la moda de la época.

Además, encontramos por aquí a los antepasados de los famosos blúmeres o bragas push-up, para “mejorar” la apariencia de los glúteos, pero al menos estos no engañaban a nadie:

Mujeres con trajes y rasgos de la época, dibujo satírico.

De los galanes de la época no hay mucho que decir, sólo que de milagro la especie no se ha extinguido:

Hombres a la moda de la época y de epocas anteriores

Retazos de la política

La Guerra de los Diez Años en Cuba (1868–1878) coincidió con una etapa compleja en cuanto al sistema político y de gobierno existente en España. En pocos años fue derrocada Isabel II, ocupó el trono el italiano Amadeo de Saboya, se proclamó la Primera República y, finalmente, la monarquía fue restablecida en la persona de Alfonso XII. Todos estos acontecimientos, de tendencias políticas diversas, fueron celebrados con el mismo entusiasmo en Cuba. Se destaca esta procesión popular en homenaje al nuevo rey, en las calles de La Habana:

Marcha o procesión cívica en La Habana por la coronación de Alfonso XII

Según se aprecia en la imagen, hacían parte del desfile hasta algunas matas de plátano, piñas y otros productos agrícolas. Como debe ser en toda marcha, supongo que a cada participante se le entregaba algún estímulo frutal o vegetal, incrementando así el poder de convocatoria. Lo que no logro entender es por qué Landaluce no dibujó más gente, si en definitiva el papel hubiese aguantado todo. Quizás se le cansó el brazo o se le acabó la tinta…

Ahora, con Photoshop o inteligencia artificial, todo es más fácil: lo mismo podrá llenarse una plaza que una tribuna. ChatGPT también prepara excelentes discursos, siempre que se le proporcione un buen adoctrinamiento…, es decir, un buen entrenamiento.

Por cierto, no sé a que se refería el caricaturista con las siguientes imágenes, en 1873, pero una posible interpretación es que muchos políticos saben engatusar con palabras, especialmente cuando hablan de patriotismo. Ello les permitía cambiar discretamente las maletas por las bolsas:

Hombre con maletas en las que aparece la palabra "Discursos"
Bolsas de dinero, en las que se afirma que reside el patriotismo de ciertos hombres.

Con el Pacto del Zanjón, en 1878, se instauraron algunas libertades públicas que propiciaron, por primera vez, la organización de partidos políticos en Cuba. No se alcanzó la independencia, pero en cambio sí se permitieron los partidos. Y no uno sólo… surgieron ese mismo año el Partido Unión Constitucional y el Partido Liberal Autonomista. 

Todavía no había ningún partido comunista en la Isla, pero Landaluce vuelve a mostrar sus dotes premonitorias. Dibuja a los comunistas en Alemania, donde eran perseguidos por el gobierno de Bismarck. Aun así, ya se ve que consideraban preferible solidarizarse con los oprimidos en suntuosos banquetes y no en el fragor de las fábricas. Casi da miedo ese brindis por los logros del porvenir, considerando lo que vino después, pero pronto no habrá tantos motivos de celebración.

Banquete y brindis de comunistas en tiempos de Bismarck (caricatura)

En cuanto a Cuba, en la siguiente imagen aparece personificada en una doncella a la que asedian peligrosamente dos buitres. Uno de ellos representa la “cuestión del oro” y el otro a la insurrección, que continuaba activa en el oriente de la Isla. Los tiempos han cambiado, pero otras aves de rapiña llevan ya tiempo cebándose en sus carnes:

Representación de Cuba como una doncella echada en la tierra que intenta detener a dos buitres.

Según la propaganda de la época, quien atentara contra la patria ardería en el infierno. Y ya que hablamos de infierno, por entonces fue muy popular en Cuba la obra “La espada de Satanás”. En un anuncio gráfico de su puesta en escena, figura la imagen del demonio con que cerramos esta serie. Cualquier parecido con personajes reales de la historia de Cuba más reciente, es pura coincidencia, u obra de la diabólica pluma de Landaluce.

Figura de demonio dentro de un caldero y brujas o figuras demoniacas alrededor.

Nota histórica:

Desde finales de la década de 1850, comenzaron a circular en Cuba varios periódicos satíricos ilustrados con caricaturas. Entre los más importantes se encuentran La Charanga (1857–1860), El Moro Muza (1859–1876, con varias interrupciones), Don Junípero (1862–1864 y 1866–1869), Juan Palomo (1869-1874) y Don Circunstancias (1879–1884).

Víctor Patricio Landaluce (Bilbao, 1830 – Guanabacoa, 1889), fue el dibujante más activo y de renombre en las páginas de estas publicaciones. A mediados del siglo XIX ya residía en Cuba, donde en 1861 contrajo matrimonio con María del Carmen Fernández de Castro, con quien tuvo varios hijos. Más allá del tono mordaz de sus caricaturas y de su oposición a la independencia, su obra como artista gráfico es una fuente invaluable para comprender la cultura visual y política de la época colonial.

Fuentes bibliográficas

Albear y Lara, F. de. (1878). Notas sobre el abasto de aguas de La Habana, con motivo de la introducción de las de Vento en el acueducto de Fernando VII. La Habana: Imprenta del Gobierno y Capitanía General.

Castro Viguera, Y. (2025). El ámbito de la cultura impresa en Cuba en el periodo de 1801–1868: política e influencia de España [tesis doctoral]. Universidad de Zaragoza.

El Monitor Republicano. (1872, 20 de julio). El Monitor Republicano. Hemeroteca Nacional Digital de México. https://hndm.iib.unam.mx/consulta/publicacion/pdf/558a35877d1ed64f16b8b0dd.pdf

Historia del alumbrado de nuestra capital. (12 de octubre de 1943). Avance, pp. 14–17. Biblioteca Histórica Cubana y Americana “Francisco González del Valle”.
https://repositoriodigital.ohc.cu/s/repositoriodigital/item/46434

Tacón y Rosique, M. (1838). Relación del gobierno superior y capitanía general de la isla de Cuba, extendida por el teniente general D. Miguel Tacón, marqués de la Unión de Cuba, al hacer la entrega de dichos mandos a su sucesor el Excmo. Sr. D. Joaquín de Ezpeleta. La Habana: Imprenta del Gobierno y Capitanía General.

Pies de imágenes

(Introducción)

1: Juan Palomo (25 de agosto de 1872), III(34).

2: Juan Palomo (9 de noviembre de 1873), IV(45).

3: Juan Palomo (7 de julio de 1872), III(27).

4: Villergas, J. M. (dir.) (18 de abril de 1875). El Moro Muza, 15(33).

(Vicisitudes y vida cotidiana: del dinero a la basura)

5: Juan Palomo (16 de noviembre de 1873), IV(46).

6: Villergas, J. M. (dir.) (7 de marzo de 1875). El Moro Muza, 15(27).

7: Villergas, J. M. (dir.) (14 de noviembre de 1880). Don Circunstancias, II(46).

8: Villergas, J. M. (dir.) (7 de diciembre de 1884). Don Circunstancias, IV (62).

9: Juan Palomo (8 de junio de 1883), IV(23).

10: Villergas, J. M. (7 de diciembre de 1884). Don Circunstancias, IV (62).

11: Juan Palomo (5 de abril de 1874), V(14).

12: Juan Palomo (5 de abril de 1874), V(14).

(La Habana: aguas, luces, modas…)

13: Villa, M. de (dir.) (16 de abril de 1876). El Moro Muza, 16(33).

14: Juan Palomo (7 de julio de 1872), III(27).

15: Juan Palomo (7 de julio de 1872), III(27).

16: Villergas, J. M. (dir.) (7 de diciembre de 1884). Don Circunstancias, IV (62).

17: Juan Palomo (18 de enero de 1874), V(3).

18: Juan Palomo (9 de marzo de 1873), IV(10).

19: Juan Palomo (9 de marzo de 1873), IV(10).

(Retazos de la política)

20: Villergas, J. M. (dir.) (31 de enero de 1875). El Moro Muza, 15(22).

21: Juan Palomo (8 de junio de 1883), IV(23).

22: Juan Palomo (8 de junio de 1883), IV(23).

23: Villergas, J. M. (dir.) (2 de mayo de 1880). Don Circunstancia, II(18).

24: Villergas, J. M. (dir.) (21 de marzo de 1875). El Moro Muza, 15(29).

25: Villergas, J. M. (dir.) (15 de agosto de 1875). El Moro Muza, 15(50).

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